
Ella era un chica morena, casi igual que ahora.
Casi igual que ahora me reia con ella de lunes a viernes como el que más, con sus ojos de níspero que emulaban la mirada más dulce y más picara; que se cortaba con el susurro o el suspiro más lánguido.
Casi como ahora caminabamos juntos, calle arriba entre una multitud tumultuosa entre otras vidas que se movían, con otros problemas y otras alegrías. Casi como las suyas, casi. Casi con su sonrisa.
Casi con medio corazón como el suyo se hubieran enternecido la mayoría de cerebros, se hubieran hablandado y se hubieran desvanecido.
Se hubieran deslizado cielo arriba y hubieran caido en picado hasta pararse un instante antes de tocar el suelo, aterrizando en las manos de hojarasca de un parque otoñal.
Casi como antes la llevo siempre en mi corazón.
Casi como este texto era y es ella, casi como este texto, si no hubiera llevado cada uno de estos "casi".
